sábado, 15 de septiembre de 2012

RECUERDOS DE UNA NIÑA CATALANA EN LA BARCELONA FRANQUISTA.-(1)

Nací en Barcelona, a principios de los años cincuenta. Epoca muy dificil según me contaron. Tuve la suerte de nacer en una familia maravillosa, de clase trabajadora, tan trabajadora que le faltaban horas al día, y aún así casi no se llegaba a final de mes.  Yo todavía tuve la cartilla de racionamiento, inevitable en la postguerra, pero según mis padres, ya no se llegó a utilizar.
Tuve una infancia feliz, tengo que reconocerlo.  No teníamos grandes cosas, más bien pocas, pero tampoco las conociamos, y por lo tanto no las necesitabamos.
Mi padre, contable de profesión, conectaba un trabajo con otro hasta la noche. Mi madre y mi abuela materna, además de cuidar de nosotros y de la casa, cosian en casa.  Hacian vestidos de primera comunión de niña. Todo hecho a mano, artesanía pura. Tambien las diademas de delicadas flores de raso y organdí, con minúsculas perlitas.  Me fascinaba verlas trabajar. La mesa del comedor era su taller improvisado, escuchando la radio, con el consultorio de Elena Francis, y las novelas. Tardamos muchos años en tener televisor en casa.   A veces lograba que me regalaran lo poquito que les sobraba al terminar el vestido por la noche,  .. un trocito de organdí, unas cintitas de raso, cuatro perlitas... aquello era mi tesoro, lo guardaba y coleccionaba y  era feliz.
De más mayor supe que a partir del dia 15 del mes, dependiamos de ese vestido de comunión diario, que terminaban a la hora que fuera, para poder ir a la compra al dia siguiente.  Pero eramos pequeños, y de eso aún no nos dábamos cuenta.

Recuerdo con mucha ternura, cuando el domingo por la mañana, mi padre nos cogia a mi hermano y a mí, y nos llevaba a dar un paseo. Primer destino: el quiosco. Allí nos dejaba comprar un tebeo a cada uno. Tardábamos una hora en escoger.  Un paseito por el barrio, y antes de subir a comer nos pasabamos por la bodega, y nos compraba una gaseosa de litro fresquita, una Konga.  Aún me acuerdo.  Eso era un domingo de los buenos, sólo cuando se podía, no todos. Pero si no había para ir a comprar el tebeo, tampoco pasaba nada.  Estaba asumido.

En mi casa, como en casi todas en aquella época, se celebraban las fiestas religiosas como por decreto.  Recuerdo sobre todo, y por lo espectacular de la fiesta por aquel entonces, el dia de Ramos.  Había que ir a bendecir la palma, o el palmón, según si eras niño o niña.  La madrina te regalaba la palma o palmón a su gusto, y era toda una tradición ir a comprarla, y tambien su adorno.  Tenia que ir adornada con una gran lazada de color, y si se podía con un gran rosario de bolitas de azucar blanco y rosa. Eso ya era todo un lujo.
En casa, siempre el lazo era con los colores de la "senyera", la bandera catalana. Pero en aquella época -años 50/60 - estaba prohibida.  Franco no permitia ni comprarla, ni nombrarla, y mucho menos exhibirla.  Pero nosotros siempre la llevabamos.  Recuerdo que ibamos a una mercería cerca de mi casa, a comprar "la bandera valenciana", y por supuesto nos daban la catalana. Con mi lógica infantil, no lograba entender el porque de esta prohibición y maniobra.  Mi madre me explicaba que no se podía decir "bandera catalana" que nos podrían detener la policia.  Paradógicamente la tienda donde ibamos a comprarla estaba regentada por un policia nacional y su familia, pero yo no lo sabía .

Ese día, se procuraba que todos los niños estrenaran algo, te vestian de "punta en blanco", y se iba en familia a la Iglesia, y a la bendición de la palma. Era el dia oficial para vestir a los niños de primavera. Hiciera la temperatura que hiciera. En la medida que se pudiera había que ir de estreno.  Como mi madre era muy apañada, siempre se las agenciaba para hacerme un vestido nuevo, cosido por ella y la yaya claro.  Y un pantalón corto y camisa de hombrecito para mi hermano.  Viendo las fotos, que de rigor se hacian, aún recuerdo lo que me fastidiaba esta puesta en escena.

Durante esa época muchas familias tenian que emigrar al extranjero. Tambien en la mia. Unos tios mios se fueron a trabajar a Suiza.  Tanto mi hermano como yo, sentiamos un especial cariño por ellos.  Ellos no tenian hijos y nosotros eramos su debilidad. Y diria que a pesar de los años, no miento si digo que lo seguimos siendo.

Cada año, mientras estuvieron en Suiza, se lo montaban para poder venir unos dias en verano ó en Navidad. Así tuvimos como primicia regalos y juguetes, que siempre, a pesar de las dificultades de la época nos traian.
Ellos nos regalaron nuestro primer reloj, suizo claro. Cubiertos de acero inoxidable, que aqui aún no había. Yo tenia muñecas modernas, que ninguna niña tenia. Tenian cara de extrajeras. Mi abuela que vivia en casa, le encantaba de hacerles vestidos a estas muñecas, incluso una vez hizo una replica de mi uniforme escolar.
Pero si hay un regalo suyo, que recuerdo en especial, creo que fué casi el primero, fué una casita de plástico pequeña, por la que a través de una ventana podias ver viapositivas de paisajes suizos. Toda una novedad, pues era algo que aquí no existia. Recuerdo que ante mi flipe por el invento, quise llevarlo al colegio -monjas teresianas en los años 50- Como era lógico lo enseñé a las demás niñas, pero siempre en presencia y bajo la supervisión de la monja.  Esta me preguntó quien me lo había regalado. Yo le contesté como era natural : "mi tieta" ...  ¿tu qué ...? con muy mala uva,  "mi tieta" volví a responder medio asustada -tenía 6 años-, y la monja me replicó con toda la mala sombra y la mala uva de que fué capaz : "Haz el favor de hablar en cristiano ...!!!  Y pegó un puñetazo en la mesa.
Han pasado más de 50 años de eso, y todavía recuerdo la cara y el tono de voz de la monja.  Yo estaba asustada y sorprendida. No entendía que pasaba.  No era mi tia, ni mi tita, era mi tieta. Era así como  la llamaba, y sólo tenia 6 años.  Cuando llegué a casa lo expliqué a mi madre, y me contestó con voz apenada, que recordara que SOLO podía hablar en catalán en casa. Que estaba prohibido. Que quizá algún dia ......

Puede parecer una tontería, pero a pesar de los años transcurridos todavía siento rabia por este incidente.

Gracias a Dios, ha pasado el tiempo -mucho- y el "quizá algún día..." de mi madre llegó. Y podemos expresarnos en nuestra lengua materna libremente, no sólo en casa y a escondidas.

Mi colegio
La mayor riqueza que puede tener un pueblo, es la libertad de expresión, y si esta libertad se puede ejercer en muchas lenguas muchísimo mejor. Esto enriquece a las personas, al pueblo, y al país. 

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